Educación del Espíritu

Puesto que este tema está dedicado a reflexionar sobre el significado y la importancia de la educación del espíritu, tomamos referencia de una conferencia impartida por Peter Coates, en FAME (Escuela para Padres) en Monterrey, Nuevo León, México.

Contenido

Primero se hace una introducción para analizar la diferencia entre ser padres y ser progenitores, haciendo énfasis en el amor como sustento indispensable en las relaciones familiares. Se presentan varias anécdotas o ejemplos para explicar el significado de una buena educación, la cual no estará completa si no se incluye la dimensión del espíritu y por último se anima a los padres a realizar su tarea de "educadores escultores," enseñando con el ejemplo de sus vidas.

Objetivos o Expectativas

¿Existe alguna diferencía entre el hecho de ser progenitores y ser padres? ¿Cómo es que nos convertimos en verdaderos padres y madres? ¿Cúal es el error común y la confusión de los jóvenes en la actualidad con respecto al matrimonio y la paternidad? ¿Qué significa una buena educación? ¿Cómo podemos lograrla?

Padres y Progenitores

En nuestros días y desde siempre, es muy común llamar padres a los progenitores, es decir al hombre y la mujer que conciben biológicamente un nuevo ser. Sin embargo, una mujer que trae un hijo al mundo, no garantiza por este sólo hecho que va a cumplir con las funciones, responsabilidades y obligaciones que implican el ser madre. Sabemos, por ejemplo, que muchas mujeres desuvidan a sus hijos, o los regalan, o no quieren saber nada de ellos una vez que han nacido. Con repecto al hombre, podemos encontrar casos en los que el progenitor incluso ignora que ha concebido un hijo. En otras palabras, ser padre y madre significa algo más que un simple proceso de reproducción, porque puede haber muchos progenitores y pocos padres así como también puede haber padres maravillosos que no son los progenitores biológicos de sus hijos.

Una famosa psiquiatra francesa comenta que tres segundos bastan para ser progenitor y que en rigor sólo hay padres adoptivos, porque no es la carne y la sangre lo que convierte en padre y madre a un hombre y una mujer, sino el corazón que ama, espera y se dedica a la gran aventura de cuidar, proteger y ayudar a crecer al hijo en su sentido más amplio.

Ser padre es un privilegio que se tiene que conquistar. Desde luego que traer hijos al mundo "tiene su chiste" y no es que menosprecie este hecho, pero eso no basta para ser verdaderos padres y madres. La verdadera paternidad no se inicia en la multiplicación de las células. El hijo de padres verdaderos es el resultado de una larga cadena de amor, porque el amor es la verdadera fuente de todo, no la simple fisiología.

Otra reflexión que podemos hacer para aclarar este punto es preguntándonos a nosotros mismos como hijos: ¿Amo a mis padres porque ellos me aman? o ¿los amo porque son mis padres? ¿Mis padres me aman porque soy su hijo? o ¿porque me aman, yo soy su hijo? La sutil diferencia en estas preguntas, así como las respectivas respuestas nos dan la clave: el amor es el fundamento real y único y otorga significado en su dimensión más amplia a la relación padres - hijos.

Ser madre y ser padre, es un título que se da después de que se haya realizado la amorosa tarea y esto nos permite pensar que también existen personas que sin ser progenitores se "ganan" dicho título y con mayúsculas. En la actualidad existe una gran confusión entre la juventud: por una parte tienen miedo de casarse y por otra parte también tienen miedo a no casarse (con las implicaciones de tener hijos y formar una familia, etc.).

También se ha asociado de manera excesiva el hecho de casarse con el hecho de lograr felicidad. Como si se pensara: "El día que yo me case, ese día voy a ser feliz." Esta idea sería como pensar que una persona entra a la Iglesia o al Registro Civil infeliz, y sale feliz o que por el hecho de traer hijos al mundo es feliz y viceversa, infeliz por el hecho de no procrear. Aunque estas ilusiones son válidas, necesitamos tener claro que la felicidad en el matrimonio sólo se encontrará en la medida que encontremos el amor. Porque la felicidad no se logra por el simple estado (casado, soltero, sacerdote, etc.).

El Significado de una Buena Educación

Todos los padres desean una buena educación para sus hijos, incluso hablan de buscar "la mejor educación" para ellos. ¿Qué significa esto? ¿Será acaso el hecho de tener una buena educación primaria, secundaria, preparatoria y una carrera brillante? ¿Se conformarían unos padres con que sus hijos fueran brillantes en la escuela?

Veamos un ejemplo. Un estudiante brillante, en su camino hacia la Institución donde cursaba sus estudios profesionales, atropelló a una persona. El muchacho no se detuvo para asistir al atropellado y prosiguió su camino. Un testigo tomó las placas del carro y posteriormente fueron a encontrar al muchacho en un salón de clases... ¡presentando un examen! Ni todas las menciones honoríficas, ni todas los premios al saber que este estudiante había acumulado en su vida, nos pueden hacer pensar en un muchacho "bien educado."

Otro ejemplo lo encontramos en el texto de un gran autor que comenta: "Volviendo las páginas de la historia hacia atrás...40 años atrás; los campos de concentración durante la 2a. Guerra Mundial. El sufrimiento era tremendo... Pero aquellas cámaras de gas habian sido diseñadas por excelentes ingenieros, las inyecciones letales eran aplicadas por personal médico eficiente, los niños que morían asfixiados eran conducidas por personas preparadas y competentes...doctores, licenciados, científicos y toda clase de expertas participaron en esta experiencia, porque la educación no hace decender los grados de barbarie de que es capaz el ser humano. Un título no garantiza de que seamos mejores personas."

Ninguna universidad, ninguna escuela, incluye en sus planes de estudio "El Arte de Ser Felices," la asignatura de "Amarse los Unos a los Otros," la clase de "El Proceso de Convertirse en Persona," etc. Estas pueden ser graves omisiones de la educación institucionalizada, pero la educación que se recibe en la familia también adolece de grandes fallas. Padres sobre protectores dan todo a sus hijos, menos la capacidad de ser felices, de aprender a disfrutar, de tener sueños, deseos e ilusiones. La sobre protección paterna y el hecho de "sofocar" al niño con cosas materiales, no depende de los medios económicos de los padres. Podemos encontrar este grave error en cualquier nivel socioeconómico. Madres que se anticipan a los deseos del niño, que hacen sacrificios y esfuerzos desmedidos por dar al niño todo; tanto que el niño termina por no desear nada ni saber lo que quiere.

La Educación del Espíritu

"Hacernos más humanos..." es la clave de una buena educación. Y el ser humano implica la expresión plena de todo lo humano, incluyendo la dimensión del espíritu.

Una anécdota nos cuenta de un niño que vivía al lado de un taller de escultura. Un día vio por la ventana un gran bloque de mármol y dos meses después, asomándose por la misma ventana, vio que en el lugar del bloque había ahora un hermoso caballo. El pequeño fue a preguntarle al escultor: "¿Y tú cómo sabías que adentro del bloque había un caballo?" El artista le respondió, "Muy fácil, sólo fue cuestión de irle quitando al bloque de piedra todo lo que le sobraba." El escultor conocía el arte de ver dentro del bloque lo que nadie veía. Así es el espíritu humano; algo que se encuentra en el interior de cada uno de nosotros aunque no lo vemos.

Educar, viene del latín educere. La palabra latina podemos separarla en dos partes: "ducere" que significa guiar, y el prefijo "e" que significa hacia afuera. Así, educar significaría "guíar hacia afuera" o "sacar de dentro." La educación del espíritu no significa pegar o añadír trozas o partes de algo, como el pintor que añade pintura en el lienzo, sino como el escultor, sacar hacia afuera lo que está adentro. Lograr que el niño sea todo lo que es.

Cuenta otra anécdota la historia de un gran pedagogo alemán que viajó a los E.U. para dictar una conferencia. Se había creado una gran expectativa entre el público porque en dicha conferencia, el experto iba a compartir todo lo que había aprendido sobre educación. Cuando llegó la ansiada fecha, el educador se dirigió a su audiecia de la siguiente manera: "Yo quisiera resumir en tres puntos esenciales todo lo que he aprendido sobre educación a lo largo de mi experiencia. Lo más importante que yo he aprendido viendo papas, niños, sistemas educativos, etc. es:

  1. En primer lugar, el ejemplo.
  2. En segundo lugar, el ejemplo.
  3. En tercer lugar, el ejemplo."

Comentarios

Espero que las reflexiones en tomo a este tema nos ayuden a renovar nuestra intención de ser mejores padres, convencidos de que no basta con traer hijos al mundo para ganar el título de paternidad. Si queremos ser padres amorosos y reponsables, debemos prestar atención a la dimensión del espíritu para que nuestros hijos estén "bien educados," se conviertan en hombres y mujeres más humanos y puedan lograr la felicidad.

En una ocasión leí lo siguiente de un filósofo: "La educación como arte es una práctica que le da forme al hombre - buena o mala forma, ahora no importa." ¿Realmente no importa si es buena o mala? ¿A usted no le importa que forma produce la educación en su hijo? "Educando e instruyendo puede uno convertirse en educador y maestro, jamás se obtiene el arte en los libros." Si el arte de educar no se enseña en los libros, ¿entonces los maestros sabrán cómo educar? Y si se aprende a educar a través de practicar, entonces ¿yo puedo convertirme en educador o maestro?